Michell calculó que si unas estrellas con una densidad como la del Sol tuvieran 500 veces su tamaño, su atracción gravitatoria sería tan intensa que la velocidad de su luz caería por debajo de la velocidad crítica, impidiéndole escapar. Si esto sucedía, serían invisibles para cualquier observador, por ello las bautizó como “estrellas oscuras”. Sugirió además, que si estas estrellas tenían otra orbitándola, se podrían detectar.
Así nacieron las “estrellas oscuras”, un experimento mental realizado en tiempos en los que ni la relatividad ni la dualidad onda-partícula existían.
En 1796, Laplace llegó independientemente a una conclusión similar que popularizó en la 1ª edición de El sistema del mundo.